Cien días de medicina amarga para el pueblo

Quién y por qué se inventó la costumbre de ofrecer y esperar resultados de los gobiernos electos cuando se cumplen cien días de su ejercicio, lo desconozco; pero como la costumbre se mantiene, se puede afirmar que el gobierno encabezado por el presidente Bukele, en sus primeros cien días ha dado al pueblo parte de la amarga medicina que prometió. Además, una alta dosis de mentiras.

Parte de la medicina amarga es el atropello a los derechos laborales de empleadas y empleados de diferentes entidades del órgano Ejecutivo, que rondan las 700 personas despedidas con el pretexto de supresión de plazas de las entidades que presupuestariamente forman parte de Casa Presidencial; a lo que se suman los centenares de despidos en el Ministerio de Justicia y Seguridad, ANDA, CEL, SIGET, Ministerio de Salud y demás dependencias de Gobierno.

Entre las víctimas de esta política ilegal se cuentan personas que se vieron obligadas a firmar renuncia sin que sus derechos fueran respetados; otros acuden a diferentes instituciones en defensa de sus derechos; ha trascendido que la Sala de lo Constitucional amparó a los primeros trece despedidos, y que la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos afirma haber remitido a diferentes titulares resoluciones que representan una condena moral.

Retrocesos en la política integral de seguridad, mediante declaraciones de emergencia en centros penales, ignorando el papel de los jueces penitenciarios y en clara violación a los derechos de las personas privadas de libertad y de sus familiares, con un montaje de publicidad sobre el llamado control territorial, que representa presencia policial en los cascos urbanos de algunos municipios, pero que en los rincones del territorio, el sufrimiento no para y muchas mujeres son violadas y agredidas por la delincuencia, sin auxilio alguno de la autoridad.

En materia de Transparencia, además de eliminar la secretaría correspondiente, los funcionarios hacen gala de su falta de transparencia, empezando por la negativa a presentar su declaración patrimonial ante la Sección de Probidad, como manda la ley. El colmo fue la declaración de un ministro que irónicamente afirma merecer la multa por incumplir, debido a que su contador se fue de viaje.

Los abandonos a sectores abundan: a las mujeres les arrebata los servicios de Ciudad Mujer; a los jóvenes les priva de los programas en los que ya participaban más de diez mil muchachos y muchachas; a los veteranos les vuelve nula la institución que debe administrar los beneficios que la ley les brinda y con ello la ejecución de más de 50 millones de dólares; a los maestros les niega la oportunidad de una compensación por retiro que la Asamblea había aprobado; a los campesinos los amenaza con cambiar el programa de entrega de semillas.

Ahora es común que se descalifique a los periodistas por mal comportamiento, mientras por mensajes en los mismos medios se insulta a los opositores políticos y se ejerce presión a los diputados.

En pleno mes de la independencia se anuncia que ya no es la fiscalía la que puede investigar delitos de corrupción, crimen organizado, lavado de dinero, sino que eso lo hará una comisión internacional con participación de la Secretaría General de la OEA, la tan cacareada CICIES. Por supuesto que en su menú de investigación estará fuera el alquiler del local del Mercado Cuscatlán o los contratos para remodelar el Centro Histórico, o la evasión de impuestos  que debió pagar el propio presidente.

Con vehemencia reclaman algunas voces valientes la falta de oposición política fundamentada y tienen razón, también eso ha formado parte de estos cien días en los que afanosamente el presidente Bukele y sus funcionarios despachan la medicina amarga, y a lo sumo inauguran obras que dejó planificadas y presupuestadas el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén.

A la par del irrespeto a la institucionalidad del país esta la guerra sicológica, la mentira  y la campaña del partido del presidente.

El desafío para los trabajadores y para los partidos políticos, principalmente para nuestro FMLN, es grande; el despertar será más caro para la población en la medida en que quienes teniendo conocimiento y conciencia del daño que se hace no asumimos la acción política adecuada.

Medicina amarga, prepotencia, irrespeto a la legalidad son los componentes del autoritarismo que la dictadura militar impuso y de la cual costó tanto sacrificio salir. Es un deber ineludible asumir que vivimos en un país con institucionalidad joven, que debemos defender frente a los desmanes de un presidente autoritario.

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