Educación: una prioridad de gobierno y necesidad de la sociedad

Cuando la sociedad exhibe altos niveles de violencia social y criminalidad, uno se pregunta ¿Por qué ocurre este comportamiento? pueden haber muchas respuestas, pero sin duda  una infaltable es que ha fallado la familia, ha fallado el sistema educativo; la violencia intrafamiliar, las conductas delictivas de un niño de 10 años, de un adolescente, de un joven o adulto mayor ocurre como efecto acumulado de carencias y de aprendizajes indebidos. ¿Quién puede ser indiferente o no comprometerse a superar esa parte de nuestra realidad?

Cuando la sociedad exhibe altos niveles de violencia social y criminalidad, uno se pregunta ¿Por qué ocurre este comportamiento? pueden haber muchas respuestas, pero sin duda  una infaltable es que ha fallado la familia, ha fallado el sistema educativo; la violencia intrafamiliar, las conductas delictivas de un niño de 10 años, de un adolescente, de un joven o adulto mayor ocurre como efecto acumulado de carencias y de aprendizajes indebidos. ¿Quién puede ser indiferente o no comprometerse a superar esa parte de nuestra realidad?

Las estadísticas indican que  a pesar del empeño en alfabetizar a toda la población en los últimos años, aún quedan más de 400 mil salvadoreños y salvadoreñas que no saben leer y escribir y que más de la mitad de ellos son personas mayores de 45 años. Esa realidad obliga a reconocer que la deuda social y estatal es grande, grave y antigua. Corresponde sumarse a buscar los modos de  resolver los atrasos, desaprender lo negativo y prepararnos para que la inmensa mayoría de salvadoreños seamos personas de bien.

El Presidente Salvador Sánchez Cerén ha integrado un Consejo Nacional de Educación, que tiene la particularidad de ser amplio, plural y estar encabezado por los titulares del ramo, de ese consejo se espera un Acuerdo Nacional por la Educación. En él se analizan los diferentes aspectos, ámbitos y niveles de la realidad educativa y se espera que las propuestas que emerjan comprometan el aporte decidido de todos.

En el consejo se reconoce el papel que los recursos financieros juegan en la mejora de la educación, pero sería limitado y hasta equivocado creer que el dinero por sí hace los cambios, entre más se analiza la realidad nuestra, más comprendemos la enorme necesidad de dar un salto cualitativo en nuestro modo de ser como nación. ¿Quién podrá negar que sea la educación la que permite a la persona transformarse a sí misma, para la vida y para servir a los demás? ¿Quién puede negar que para lograrlo se requiere del papel de la madre, el padre, la familia y la comunidad?

Para las personas con mayores necesidades materiales, la cercanía de la escuela, la posibilidad de ser atendido de manera expedita, de ser apoyado para su propia instrucción y formación son fundamentales y en ello hay recursos indispensables; pero más indispensable es la actitud de quienes conforman el entorno de esa persona, su familia y la comunidad educativa: Maestras y maestros, directores y directoras, autoridades educativas, los mismos estudiantes y el vecindario de la escuela.

Se necesitan mejores instalaciones educativas en general, más recursos tecnológicos y capacidad de manejarlos, formas nuevas de acceder al conocimiento; pero todo esto puede existir y si falta la voluntad del propio estudiante, si falta compromiso del magisterio, si la comunidad en vez de ayudar induce al estudiantado a tomar caminos equivocados o lo que es peor a instrumentalizarlos para fines egoístas; estaríamos lejos de conseguir lo que decimos buscar.

El Presidente Sánchez Cerén es un maestro, un estadista comprometido con el país que supo identificar sus tres necesidades fundamentales: Educación, empleo y seguridad. Propuso en su programa llevar en un lapso de 10 años la inversión en educación a un nivel de 6% del PIB. Este debe ser apenas uno de los aspectos del Acuerdo Nacional que nos comprometa a todos para buscar las formas de inyectar recursos a la educación, a la investigación científica, a la vinculación del conocimiento y a la producción nacional; pero ante todo debe servir para que cualquier centavo produzca capacidad de ser mejores personas.

Las diferencias entre países, segmentos de población; las contradicciones entre lo global y lo local, las diferencias de género, diferencias étnicas, de ingresos y otras, son factores que complejizan la educación y desde la década de los 90 la Comisión Internacional integrada para visualizar los desafíos de la educación del siglo XXI y las recomendaciones para afrontarlos, concluyó  acertadamente en recomendar desde el ámbito pedagógico los perfiles que debe tener la educación: Capacidad de aprender a aprender, aprender a ser,  aprender a hacer, aprender a convivir. ¿Cómo se traducen estos desafíos universales en nuestro país hoy? Ese es el aporte al que hay que sumar voluntad, propuestas, aportes concretos,  sin olvidar que nuestra Constitución nos indica que la familia tiene derecho preferente a escoger la educación  de sus hijos y al mismo tiempo establece que la educación y la cultura es un derecho inherente a la persona humana y es obligación y finalidad primordial del Estado su conservación fomento y difusión.

Las potencialidades de nuestra sociedad pueden ser impulsadas con más y mejor educación, apoyando sus instituciones, así como el llamado del Presidente a convenir juntos un Acuerdo Nacional.


 

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