Mientras el Papa Francisco visita Colombia, llevando un mensaje de esperanza y una apelación al pueblo para afianzar el camino de la paz, transcurren en nuestro continente otros hechos que deben llevar a una mayor reflexión y cambio de conducta.

A raíz de los huracanes Irma y Katia y el terremoto que afectó territorio mexicano y centroamericano, millones de familias son impactadas de distinta forma y se requiere ante dichos sucesos, políticas públicas de prevención y protección, y sobre todo, solidaridad.

El huracán Irma ha dejado una secuela de destrucción en las islas del Caribe y Estados Unidos, y en la forma de afrontar la llegada del fenómeno queda de manifiesto los desarrollos diferenciados, la capacidad humana para entender y resistir. Queda evidenciada la capacidad de Cuba, como Estado y la cultura de su pueblo, sus valores y su desarrollo científico en función de preservar vidas y bienes.

En algunas de las islas menores del Caribe, el efecto es altamente destructivo en su infraestructura; los reportes indican que la infraestructura de Islas Antigua y Barbuda se perdió en un 90%, y el 70% de los hogares en la Isla San Martín. Otros daños sufrieron República Dominicana, con más de 19,000 desplazados y más de dos mil viviendas dañadas o destruidas. Puerto Rico sufrió daños en sus sistemas eléctricos y de agua; Islas Vírgenes y Bahamas también sufrieron el paso del huracán más grande.

En Cuba, el paso del huracán ha sido más extenso y afectó prácticamente todo el territorio. Las noticias indican que un 70% de la población evacuada fue albergada en otros hogares; esto habla muy bien de la conciencia y valores de la sociedad cubana, que a lo largo de la historia ha debido enfrentar en cada temporada de huracanes, algunos altamente destructivos y siempre ha puesto de manifiesto su capacidad de proteger las vidas y de reconstruirse.

En la protección organizada de las vidas frente a estos fenómenos está, sin duda, la sensibilidad y capacidad del Estado, y la cultura del pueblo que, al recibir información científica de lo que ocurre, sabe cumplir las recomendaciones de las autoridades de manera organizada, disciplinada y con alto sentido de comunidad.

Aún es temprano para saber los efectos de este huracán en el Estado de la Florida, EE.UU. Pero las acciones previas que ordenaron evacuar y la preparación de albergues indican que lo esperado es altamente preocupante.

En México y parte de Guatemala, el terremoto de 8.2 grados ha dejado igualmente daños en unos doce Estados; las autoridades mexicanas informan que hubo 61 personas fallecidas a causa del terremoto, mientras, en otra parte del territorio se sufrían los efectos del huracán y se extendió la alerta de Tsunami para varios países de Centro y Sur América.

Los fenómenos climáticos, cuya gravedad está asociada al cambio climático, nos muestran la fragilidad de los seres humanos y de los bienes materiales. El conocimiento y la organización, el sentido de comunidad y la solidaridad permitirán responder de mejor manera ahora y en el futuro, pues, como se aprecia, por la recurrencia de los mismos, es de esperar que puedan sorprendernos en cualquier parte y en cualquier tiempo.

Cuba como país bloqueado, pero con alto desarrollo de la ciencia, la cultura, la educación de su pueblo y una mística revolucionaria, enseña la importancia de comprender esta lógica que es ajena a la propalación del individualismo y el consumismo.

Una de las primeras encíclicas del Papa, “Laudato Si”, describe mejor esta realidad cuando dice: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio ambiental. Las líneas para la solución requiere una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”.

“Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales. En ese sentido, la ecología social es necesariamente institucional, y alcanza progresivamente las distintas dimensiones que van desde el grupo social primario, la familia, pasando por la comunidad local y la nación, hasta la vida internacional”.

En efecto los huracanes o los terremotos, no presentan pasaporte para pasar de un país a otro, para dañar desde una persona hasta un país entero o a varios países, y son estos momentos los más propios de este sentimiento de preocupación por lo que pasa a nuestro lado, y además, comprender que somos una sola familia humana, retada a cambiar para preservar la vida y nuestra casa común.

Sentir y pensar es lo primero para actuar en consecuencia, de allí la importancia de tomar en serio los llamados del Papa en su encíclica referida a la defensa de nuestro planeta.


 

 

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