En 1989, la tenacidad de un pueblo por alcanzar la paz con justicia social se expresó en la voluntad de decenas de miles de combatientes del FMLN, de  trabajadores en las ciudades y el campo para realizar la hazaña de  combatir al régimen de dictadura oligárquico militar. 

Era  el escalón más alto que habría de darse en el terreno político y militar  en todo el transcurso de la guerra revolucionaria, y ese empeño produjo la convicción en la contraparte que el FMLN era invencible y por eso se abrió la negociación que nos trajo los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992.

Hombres y mujeres de todas las edades con armas o con  piochas y palas escenificaron en todo el país, pero  principalmente en el área metropolitana de San Salador una gloriosa batalla, invitando al pueblo a incorporarse, como efectivamente lo hicieron miles de  salvadoreños y salvadoreñas. La brutalidad del gobierno que presidía Arena   fue ilimitada, bombardeó a la población civil, asesinó a los sacerdotes jesuitas y  su colaboradora en los recintos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) con la pretensión de acusar de tan brutal crimen a la guerrilla.

Aquéllos salvadoreños que podrían tener dudas de la brutalidad del régimen se convencieron de la justeza de enfrentarlo  y demandar una solución política negociada al conflicto. Víctimas civiles, religiosas  y más de 400 combatientes del FMLN ofrendaron su vida; pero como ocurrió en 1980 con el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, esas vidas prevalecen en la memoria, en la conciencia de un pueblo, en los cambios alcanzados y en la esperanza de seguir avanzando en la construcción de un país  democrático, con justicia social  y en paz.

Reconocer su heroísmo es un deber, mantener  y luchar por sus ideales,  una obligación política  y sostener los principales legados de la gesta patria  es condición indispensable para asegurar que jamás vuelvan la brutalidad del régimen político y la necesidad  de alzarse para defender los derechos del pueblo.

Entre tantas vidas cegadas en aquella jornada que del 11 de noviembre se extendiera  hasta diciembre de 1989  tenemos  que recordar a Dimas Rodríguez, Misael Gallardo, Norma Virginia Guirola de Herrera, Tania Parada,  y  cientos de héroes y heroínas  más. Y jamás olvidar a quienes sin ser combatientes armados con armas de fuego, batallaban por la paz, por la tolerancia, el debate y los acuerdos en beneficio de nuestra patria a los sacerdotes jesuitas: Ignacio Eyacuría, Martín Baró, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Amdo López, Joaquín López y  López; así como a su colaboradora Elba Ramos y su hija Celina Ramos.

La ofensiva del 11 de noviembre fue denominada  Febe Elizabeth Vive!. Febe Elizabeth  había sido asesinada brutalmente junto a otros líderes sindicales  en la sede de una de las federaciones sindicales, FENASTRAS, once días antes, el 31 de octubre del mismo año, era la expresión más cruda y cruel de la falta de voluntad de dialogar y negociar del gobierno de ARENA que presidía Alfredo Cristiani y que era presionado por los grupos más radicales de su partido integrado en los movimientos denominados Cruzada Pro Paz y Trabajo y los escuadrones de la muerte que eran financiados por grupos de empresarios.

Por eso la ofensiva abrió un giro a esa postura predominante que  propugnaba por los actos de terrorismo y por buscar la derrota del FML en el terreno militar; el FMLN con su accionar en el oriente, occidente y centro del país demostró su vinculación  al pueblo, su voluntad de luchar y vencer y su  voluntad negociadora.

La comunidad internacional se  convenció con la ofensiva, que el pueblo salvadoreño merecía apoyo  para una solución política y es de este momento y por la conducta evidenciada por la guerrilla  que surge luego el  acuerdo de Naciones Unidas de facilitar  con su intermediación, un proceso de diálogo que se extendió desde el 4 de abril de 1990 al 31 de diciembre de 1991 para firmar esos acuerdos que refundan la institucionalidad política del país.

Ahora el desafió político del pueblo progresista, del FMLN radica en mantener una ofensiva política para preservar los logros del pueblo expresados en los Acuerdos, en los cambios alcanzados,. El desafío también está en  llevar la verdad  a la gente para impedir que sobre la base de la mentira se retorne al pasado.

Ese es el espíritu  de la militancia del FMLN que  se nutre de los sueños de nuestro pueblo para  hacer de El Salvador  un país productivo, educado, seguro y con justicia social.  Vivan los héroes y heroínas  de la ofensiva y de siempre, para ellos el mejor homenaje es continuar la lucha a favor de nuestro pueblo.


DE INTERÉS

Planillas de candidatos a diputrados de 13 departamentos ha inscrito el FMLN

El FMLN presentó la tarde de este jueves, tres planillas de candidatos a diputados por…