A partir del lanzamiento del Desafío de Bonn en el 2011, un año después El Salvador asumió el compromiso de restaurar 1 millón de hectáreas.


Hoy en día, la restauración del paisaje es reconocida como una estrategia clave, no sólo para recuperar la integridad ecológica, sino para generar beneficios locales, nacionales y globales adicionales. Por ello, a partir del lanzamiento del Desafío de Bonn en el 2011, El Salvador asumió el compromiso de restaurar 1 millón de hectáreas.

El Salvador es un país que ha llegado a su límite en términos de la degradación de sus ecosistemas.

Esta situación ha llevado a El Salvador a alcanzar bajos niveles de resiliencia ambiental, magnificando la creciente vulnerabilidad a la variabilidad climática y a los eventos extremos asociados al cambio climático.

Siendo un país pequeño, con la densidad poblacional más alta en el hemisferio, después de Haití, y un territorio altamente deforestado, o desnudado de cobertura vegetativa suficiente, el alcance del impacto de los eventos climáticos extremos aumenta, al poner en riesgo casi el 90% de la población, 95% del territorio nacional y 90% del PIB.

El Salvador formuló en 2012 la Política Nacional de Medio Ambiente, cuyos principales componentes de acción son la restauración y conservación de ecosistemas para reducir riesgos, sostener actividades productivas y asegurar el bienestar de la población, estructurándose en ese marco el Programa Nacional de Restauración de Ecosistemas y Paisajes (PREP).

Los resultados son: localización de 1,253,077 hectáreas como áreas de oportunidad para la restauración, utilizándose como base para la priorización de los diferentes usos actuales del suelo, donde se definieron las transiciones para mejorar y recuperar los bienes y servicios ecosistémicos relevantes.


 

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