La causa de beatificación del jesuita Rutilio Grande, asesinado en 1977 por fuerzas de seguridad salvadoreñas, "se encuentra en buen momento" en Roma, aseguró el postulador general de la Compañía de Jesús, Pascual Cebollada.

Padre Rutilio Grande.Padre Rutilio Grande.


La información fue publicada en el sitio Vatican News, a quien Cebollada aseguró que "la casua se encuentra en un buen momento, porque llegó ya todo el material necesario, documentación y testimonio del martirio del padre Grande".

Precisamente, tres años atrás el Papa Francisco declaró beato a Monseñor Oscar Arnulfo Romero, muy amigo de Grande, invocando su martirización en defensa de la fe y de los pobres.

"Estamos esperando que en Roma nos den la aprobación que es válido todo lo que se ha mandado de El Salvador", agregó el sacerdote.

La Conferencia Episcopal de El Savador, encabezada por el arzobispo José Luis Escobar Alas, decidió dar el visto bueno para postular a la beatificación a Grande, quien fue asesinado el 12 de marzo de 1977 por elemenos de la Guardia Nacional, junto a Manuel Solorzano, de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 16.

"Habrá que esperar una "Positio", un informe del martirio, que finalmente se entrega a una Comisión de Teólogos en El Vaticano que los juzga y si el juicio es positivo pasa a los cardenales y obisposy luego el Papa Francisco, quien finalmente es el que otorga el decreto de beatificación", detalló Cebollada.

Al saber de los asesinatos, monseñor Óscar Romero fue al templo donde reposaban los tres cuerpos y celebró la misa.

En la mañana del día siguiente, después de reunirse con los sacerdotes y consejeros, Romero anunció que no asistiría a ninguna ocasión gubernamental ni a ninguna junta con el presidente — siendo ambas actividades tradicionales del puesto — hasta que la muerte se investigara. Ya que nunca se condujo ninguna investigación nacional, resultó que Romero no asistió a ninguna ceremonia de Estado, en absoluto, durante sus tres años como arzobispo.​

El domingo siguiente, para protestar por los asesinatos de Grande y sus compañeros, el recién instalado monseñor Romero canceló las misas en toda la arquidiócesis, para sustituirlas por una sola misa en la catedral de San Salvador.

Oficiales de la iglesia criticaron la decisión, pero más de 150 sacerdotes concelebraron la misa y más de 100,000 personas acudieron a la catedral para escuchar el discurso de Romero, quien pidió el fin de la violencia.


 

 

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